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compriendo el duelo

Comprendiendo el duelo

 

Todos nosotros hemos sufrido la pérdida de algo o alguien en nuestra vida, o conviviremos con alguien que la esté sufriendo o vaya a sufrirla. Es muy importante entender “qué es un duelo”, para poder acompañar a la otra persona de la mejor manera o, para entender qué nos está pasando a nosotros mismos.

El sufrimiento que provoca en el doliente es angustioso pero las personas que lo rodean sienten impotencia al no saber qué hacer al respecto.

La palabra duelo proviene del latín “dolus”, y significa dolor. El duelo es una respuesta normal y natural ante una pérdida. El dolor es diferente en cada persona y en cada cultura, por eso, es importante evitar juzgar a la persona que lo está sufriendo.

El duelo es la sensación de pérdida sin posibilidad de recuperación. Se dice la “sensación” porque ésta puede ser real o imaginaria. Según Pangrazzi, las pérdidas pueden ser de diferentes tipos:

  • Pérdidas por fallecimiento. Este tipo de pérdida es el que mayor sufrimiento provoca. Su magnitud dependerá del tipo de relación y la cercanía que haya tenido con él/ella.
  • Pérdidas sentimentales. Aquí podemos englobar  las pérdidas por rupturas amorosas (noviazgo, divorcios, etc), pérdidas de relaciones familiares (enfrentamiento entre hermanos) o pérdidas de amistades.
  • Pérdidas materiales. Entre ellas podemos destacar los cambios de trabajo o pérdida de trabajo, cambio de residencia, cambio de ciudad de residencia, cierre de negocios, pérdida del hogar por desahucio, destrucción del hogar por incendio o derrumbe…
  • Pérdidas vitales.  Un cambio vital es una ruptura, un punto de inflexión en la vida de una persona. La menopausia, la jubilación o una crisis existencial  pueden ser ejemplos de este tipo de pérdidas. El diagnóstico de una enfermedad es un “impacto muy fuerte” para cualquier persona. Un accidente con lesiones permanentes que obligan al afectado/a a modificar su estilo de vida también forman parte de las pérdidas vitales.

(Existen otros tipos de pérdidas que no hemos incluido aquí y que serán objeto de debate en sucesivos artículos.)

¿Cuáles son las fases del duelo?

Según la psiquiatra Elisabeth Kübler – Ross, la elaboración de un duelo pasa por 5 fases, las cuáles no tienen por qué seguir un orden preestablecido. Las fases pueden coexistir en el tiempo, pueden ir y venir. Cada una de ellas tiene una función y todas son normales.

Negación

Es como entrar en “estado de shock”, donde la persona es incapaz de absorber la información del incidente (fallecimiento de un ser querido, diagnóstico de enfermedad, etc). Es un mecanismo de defensa que lo protege de la realidad. Esto le permite ir acostumbrándose al vacío que le ha producido la pérdida.

Frases típicas de la negación serían (en el caso del fallecimiento de un ser querido): “tengo la sensación de que va a aparecer de un viaje”, “lo siento cerca”, “es que como si lo oyera,” “parece que va a entrar por la puerta”, “siento que está aquí conmigo”, etc.

Ira

“¿Por qué a muerto mi hijo?”, “¡nadie es capaz de ponerse en mi lugar!”, “tú no sabes cómo me siento”, “¿por qué hay familias que no tienen desgracias y todo me pasa a mí?”, “¿por qué a mí?”, ¿por qué no a ti? …

La sensación de incomprensión genera mucho enfado. Enfado contra los familiares, contra el mundo, contra Dios (en el caso de personas creyentes), etc.

Culpa

La incompresión es un estado que altera de manera muy marcada al ser humano, ya que perdemos el “control”. No lo tenemos, y eso genera mucho malestar porque necesitamos un por qué. En un principio, podemos echarle la culpa a elementos externos (el médico, otras personas allegadas, el otro conductor, …), pero después esa culpa puede ir dirigida hacia nosotros mismos (“no hice lo suficiente”, “ no me despedí de él”, “tal vez di lugar a esa situación”, “si yo hubiera hecho… no habría pasado esto”).

Depresión

“Mi vida no tiene sentido”.

En esta etapa, el profundo dolor y los sentimientos de vacío, se hacen patentes en el doliente de una manera sobrecogedora. Aquí se es consciente plenamente de que lo que hemos perdido, nunca más volverá.

La persona afectada de la pérdida, se aislará de amigos y familiares, sentirá que no tiene energías para continuar, lo que puede llevarle a pasar muchas más horas de las que debiera dormido/a. Se mostrará muy irascible y sentirá una impotencia a la que no llega el consuelo.

Poco a poco, estas sensaciones irán difuminándose y perdiendo intensidad.

En muchas ocasiones, cuando la persona va saliendo del letargo, puede sentirse culpable, hasta por sonreír.

La aceptación

“Sólo me queda seguir adelante”

Convivir con la pérdida, convivir con la ausencia y el vacío. En este punto se produce como una “anestesia emocional”, en la cual no se experimentan muchas emociones intensas. La persona empieza a tomar decisiones en su propia vida y va realizando cada vez más actividades. Lo rutinario se vuelve automático sin pensar (“no sé ni cómo me siento, hago cosas sin pensar, no estoy ni feliz ni triste”).

La vida continúa sin la pérdida, tengo mucho que vivir, aprender. No volveré a ser el mismo o la misma, pero he podido encontrar mi paz.

Lo demás ya irá viniendo.

 

¿CÓMO PUEDO AYUDAR A ALGUIEN CERCANO QUE LO ESTÁ SUFRIENDO?

 

  • No juzgar a la persona que está pasando por este proceso (evitar frases del tipo: “ya ha pasado X tiempo y todavía estás así”, “es hora de que pases página”, “deberías de estar mejor”…) ¿Quién decide cómo debería estar?
  • Respetar a la persona afectada, respetando sus espacios y sus tiempos. Respetar los momentos de soledad.
  • Promover un ambiente en el que se favorezca la expresión de emociones y de dolor. Buscar el sitio adecuado (íntimo) donde el doliente se sienta seguro de poder ventilar sus emociones.
  • Contestar a las preguntas del doliente de manera realista, con sentido común.
  • Facilitar la expresión de ira y ser consciente de que el enfado que puede mostrar el/la afectada, no va dirigido a nosotros. Es fruto del dolor y de la incomprensión que le genera.
  • Escuchar infinitamente. Las conversaciones con el doliente serán durante un tiempo las mismas. Es algo necesario y es preciso estar preparado/a para ello.
  • Mostrar paciencia y cariño. El apoyo de las personas que le rodean es vital en el duelo.
  • Evitar las frases hechas del tipo: “sé cómo te sientes”.
  • Mantener el contacto aunque el doliente quiera sacarte de su vida. Esto ocurre en muchas ocasiones. Esto no va con nosotros (vuelvo a repetirlo, no es nada personal), así  que intenta no tomártelo de esa manera. Deja un tiempo prudente y hazle una llamada telefónica o una visita. Sigue en su vida porque te necesita.
  • Habla del difunto con naturalidad con la persona afectada de la pérdida. Recuérdale, esto favorecerá el desahogo y la ventilación de emociones.
  • Si te ofreces a ayudarle, no lo digas por cumplir. Si te ofreces, hazlo con la intención de ayudar de verdad. Se le puede ayudar a elegir y a tomar decisiones, a retirar objetos personales del fallecido, a hacerle compañía, etc. En el momento del fallecimiento de algo, se le puede ayudar a realizar los trámites relacionados con la pérdida (funeraria, etc).
  • No forzarle a realizar actividades. Puedes plantearle varias opciones, adaptarte a lo que menos le cueste hacer. (Por ejemplo, invitarle a comer en casa en lugar de comer en un restaurante en pleno centro de la ciudad).
  • Conforme el duelo va superándose, es importante transmitirles esperanza. Hacerle ver al doliente lo importante que es para nosotros y reforzándole el cómo va superándose, cómo va retomando su propia vida.
  • Animar progresivamente a que el doliente vaya retomando “viejas amistades, relaciones familiares, hobbies perdidos,” etc.
  • Buscar ayuda profesional en el caso de que te esté superando la situación y no sepas cómo afrontarla.

 

Llanos Escribano Cano

Bibliografía:

TEA ediciones y Psicólogos Sin Fronteras. Curso “Manejo del duelo y afrontamiento a la muerte”.

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