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Desempolvando el libro de la infancia

Las mudanzas son la oportunidad más idónea para revivir tu pasado. Es cuando te das cuenta de todas las cosas que has ido acumulando a lo largo de toda tu vida, algunas imprescindibles y, la gran mayoría, totalmente prescindibles y desechables.

mudanza

Allí estaba sacando cientos de libros y metiéndolos en cajas cuando, de repente, aparece “EL LIBRO”. Digo “el libro” porque es único. En él me perdía durante horas, era como mi Santo Grial, nadie podía tocarlo, era como parte de mí, una segunda piel. Me acompañaba en mi pequeña mochila allá donde fuera, siempre conmigo.

Tuve la suerte de tener una madre que supo inculcarme la pasión por la lectura, tuve la suerte de crecer en los años ochenta, cuando no existían los móviles y las tablets… cuando pocas veces los niños se aburrían.

Era una niña poco común, no era de jugar a las muñecas, no era una niña cursi, no me gustaban los libros de amor, no me sentaba con las piernas cruzadas, no me gustaba el color rosa, ni las sábanas de flores. Me gustaba jugar con mis primos (todos chicos) con los dinosaurios, me gustaban las sábanas de cuadros, me gustaba subirme a los árboles, jugar con los playmobil y los micromachine, me sentaba toda “espatarrada” (ahora ya no), me tiraba por las rampas de Villacerrada y me rozaba el culete y las braguitas con la gravilla (mi madre me decía que era un poco salvaje). Coleccionaba minerales, sellos y monedas. Diseccionaba moscas, arañas y otras cosas y las analizaba en el microscopio de mi Micronova, ¿os acordáis de él? Como disfrutaba con todas estas cosas… Qué tiempos… Me gustaba comprarme los libros de verano de Santillana, aún habiendo aprobado todo durante el curso… Sí, lo sé , como las maracas de Machín estaba yo!! Mientras otros niños lloraban porque tenían la obligación de hacerlo, yo lloraba porque me había terminado uno y mi madre no me compraba otro. Me decía: “Hija hazlos más despacio, que contigo no me da el sueldo”. Lo que decía, rarita que era…

 

Portada libroMi gran libro se llamaba “Tu colega del Bosque: Guía de los pequeños exploradores”. Este pequeño gran libro me enseñaba desde a cómo hacerme una maleta correctamente, a utilizar una brújula, donde encontrar fósiles y cómo extraerlos sin romperlos, a cómo hacer agua potable, entre otras cosas. Cuánta sabiduría encerrada en unas cuántas páginas… y yo era “Dora la Exploradora”. La verdad es que yo no me hacía mi maleta con 8 años, ni hacía agua potable, etc, pero me imaginaba haciendo todas estas cosas y era tan feliz viviendo en mi mundo interno…

Me tumbaba con mi libro y pasaba horas mirando el cielo y buscando las constelaciones. Al principio me costó, pero una vez que identificas la Osa Mayor, todo está controlado. Era una tranquilidad saber que la Estrella Polar siempre indica el Norte. Esto me daba la seguridad de que si me perdía siempre podía encontrar el camino.

A día de hoy con 36 estupendos años que tengo, una enorme sonrisa atisba en mi cara. En medio de la mudanza, el tiempo se ha congelado, he encontrado “EL LIBRO”, “MI LIBRO”. Me he detenido a oler sus hojas, a mirar sus imágenes, a leerlo y he viajado al pasado, dándome cuenta de lo que significa ahora para mí. En realidad sigo siendo Dora la Exploradora, pero lo había olvidado. Quiero volver a hacer nudos marineros, buscar setas, perder mi tiempo imaginando cómo hago una cabaña en lo alto de un árbol o cómo capturar lombrices.

 

brujula

Encontrar este libro ha sido como encontrar la Estrella Polar. Había perdido el Norte sin ni siquiera saberlo. No me había parado a pensar en qué punto del camino estaba, tampoco desde qué punto había empezado mi viaje.

Pero terminando de escribir esta reflexión, ahora sé adonde voy y quién soy, lo tengo más claro que nunca en mi vida. DORA ha vuelto  !!

¿Te gustaría compartir con nosotros la historia de tu libro de la infancia?

Llanos Escribano Cano

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