Blog de Psicología

emdr

EMDR: Mover los ojos hasta que desaperece

Aún recuerdo cuando mi compañera Llanos me habló por primera vez de la terapia EMDR tras sus días de formación. Automáticamente, de forma consciente o tal vez inconsciente, comenzó a surgir en mí un especial interés por este tipo de terapia psicológica, mientras retumbaban en mi memoria palabras como: “movimientos con los ojos”, “recuerdos traumáticos“, “recuerdos no procesados”, “el apego”, “emociones bloqueadas”… Mucho ha llovido desde entonces y hoy, que tengo el honor de dar el pistoletazo de salida a este blog, he decidido escribir sobre aquello de lo que un día me hablaron.

Allá vamos.

Si habéis leído el primer párrafo significa que tenéis un cerebro. Bueno, pues es importante que sepáis que todos vuestros cerebros tienen un mecanismo natural de curación. Esto quiere decir que está diseñado y preparado para tomar cualquier tipo de “daño emocional” y llevarlo a un nivel de salud mental, es decir, tomar una experiencia perturbadora y permitir que tenga lugar el aprendizaje. De este modo, pretende hacer conexiones con lo que es útil y dejar a un lado el resto.

Sin embargo, en ocasiones, una experiencia traumática o acontecimientos ofensivos pueden aplastar completamente la capacidad natural del cerebro para procesarlo, o bien lo deja totalmente de lado para que la persona no pueda recordarlo. Estos recuerdos no están procesados, y eso significa que están almacenados en el cerebro de modo que aún contienen las emociones, sensaciones físicas y creencias que fueron experimentadas anteriormente y que siguen generando pensamientos y sentimientos negativos cada vez que se activan.

En muchísimas ocasiones, las reacciones y las conductas negativas que sufrimos en el presente pueden rastrearse directamente hasta un recuerdo anterior no procesado.

terapia emdr

Cuántas veces hemos escuchado: “no sé por qué me siento así, no tengo motivos”, “tengo ansiedad y no tengo problemas” o “no suelo estar en contacto ni con mi cuerpo ni con mis emociones”, es decir, nos invaden sentimientos sin razón aparente o algo nos impide que sintamos las emociones. Esto suele evidenciar que existen recuerdos no procesados que están por debajo de esa emoción, creencia o comportamiento.

Como dice Shapiro, la ya tan frecuente ansiedad “puede ser un cajón de sastre de muchas emociones que se encuentran bajo la superficie”.

Daos cuenta: mientras andamos por el mundo, nos suceden una gran variedad de cosas en el presente que se pueden rastrear y enlazar con redes de recuerdos no procesados pasados. Cuando eso sucede, es frecuente que, en lugar de ser capaces de enfrentarlas como adultos, surjan nuestras emociones y sensaciones infantiles e influyan inconscientemente en nuestras reacciones. Si lo analizamos, no es extraño, ya que, al fin y al cabo, las experiencias pasadas forman la base de cómo percibimos el mundo siendo adultos.

En ocasiones, observo cómo madres, padres y educadores sentencian que algo que verbaliza un/una niño/a como “horrible”no cumple los criterios de “horrible” a sus ojos de adulto. Sin embargo, veo cómo humillaciones en la infancia para muchos/as niños/as y adultos han tenido un efecto muy negativo y de larga duración en sus vidas porque, a pesar de que pueda parecer“ridículo” desde una perspectiva adulta, de niño/a no fue algo insignificante, de hecho, fue horrible. Y es que, lamentablemente, la mayoría de nosotros tenemos toda clase de heridas en la infancia. El primer paso está en ser más conscientes de quiénes somos y de qué tipo de experiencias y recuerdos controlan nuestra vida. Esto nos permitirá ser más conscientes y vivir en el momento presente, comportándonos como adultos, no como niños heridos.

Si reconoces que el problema está dentro de ti, entenderás que eres tú mismo/a quien tienes el control de tu vida. Por ello, no esperes a que las cosas se calmen solas, lo que te ocurre no es algo que debas arrastrar durante meses y años, añadiendo cada vez más peso a tu “mochila”. El tiempo no cura todas las heridas, y todavía se puede seguir sintiendo ira, miedo, resentimiento, dolor, pena o toda otra serie de emociones por hechos que tuvieron lugar años atrás, recuerda: están congelados en el tiempo.

Es en ese camino en el que juntos y con EMDR comenzaremos a “digerir” las experiencias viejas y atascadas para que las sensaciones físicas y emociones asociadas a ellas ya no te empujen al camino que no quieres seguir. Y, lo que es más importante: esto te permitirá ir más allá de estos hechos dolorosos y abrazar la vida sin que estos viejos recuerdos te arrastren. Serás libre para vivir la vida con un sentido nuevo de bienestar y fortaleza.

Si algo de esto te ha “removido” o incluso “te has dado cuenta”, te animo que actúes para cambiar tu paisaje previamente oculto.

Las cosas se descubren a través de los recuerdos que se tienen Cesare Pavese.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *